lunes, 30 de agosto de 2010

segunda nota

La postmodernidad: una excusa más para la mediocridad intelectual de algunos hombres.
Jesús David Buelvas Pedroza

jueves, 24 de junio de 2010

José Saramago o la alegoría crítica de nuestra contemporaneidad


Pocos días han transcurrido desde que se hizo pública la muerte del escritor portugués, autor de novelas como “Ensayo sobre la ceguera”, “La caverna”, “El evangelio según Jesucristo” y “Ensayo sobre la lucidez” entre otros relatos que no por ser menos leídos y mencionados que estos dejan de ser significativos en el mundo de la literatura contemporánea. Saramago es eso: un escritor y un pensador significativo para todos los que como él pensamos que el mundo de las letras es un espacio en el cual los símbolos se conjuntan para construir alegorías muy efectivas al momento de querer enjuiciar la realidad que nos compete; un espacio en el cual los sentidos de las imágenes van mucho más allá de la ficción para convertirse en métodos y caminos que conduzcan al lector hacia el profundo campo del pensamiento activo y la verdadera crítica.
Su imagen de anciano sabio se ha convertido en uno de esos íconos que convocan a las mentes que nos hemos entretenido con cada una de sus líneas, para rememorar los espacios alegóricos que creó como contexto de las acciones de sus novelas. Saramago ha enfrentado la muerte biológica a la que todos estamos avocados, pero ha logrado lo que muy pocos seres humanos consiguen en su vida; la posibilidad de trascender gracias a la palabra que se arraiga en los corazones y en las mentes de las generaciones que lo leen y lo leerán por muchos años. Saramago nos heredó a quienes trasegamos por el camino de la literatura uno de esos tantos mundos posibles a los que se llega no sólo para entretenernos con la ficción, sino también para profundizar en las ideas que nos permiten relacionarnos mejor con nuestro entorno a partir de la comprensión y la tolerancia desde la diferencia. La obra literaria de José Saramago es una ética de la vida contemporánea, gracias a la que sus lectores hemos ampliado nuestra propia visión para seguir luchando por la construcción de un mundo más justo, en el cual le sea posible a cada ser humano apropiarse de su presente, de sus circunstancias y de las oportunidades que le permitan seguir aportando para la salvación de una sociedad cuya peor epidemia es la ceguera acrítica en la que nos han sumido los males sociales generados por el capitalismo exagerado, el individualismo y la globalización.
En la obra de Saramago encontramos una metáfora que además de extasiarnos como lo hacen todos los símbolos que logramos entender, nos permite repensar nuestra realidad y nuestra posición en y frente al mundo. Somos gracias a él, lectores de una estética ética que nos posibilita la reflexión en medio del asombro; el análisis acompañado del placer; la crítica aunada a un andamiaje literario en el cual prevalece la característica propia de todos los clásicos: el verdadero equilibrio entre el fondo y la forma. Lo que se cuenta y cómo se cuenta son dos aspectos que el narrador portugués nunca descuidó a lo largo de su obra. Pero además de esto le añadió algo que es muy difícil de encontrar en muchas de las obras literarias que los afanes mercantilistas de hoy han ensalzado: la capacidad de sumergir al lector en el tan controvertido y difícil ámbito del pensamiento.
Pienso que es innecesario decirle adiós a alguien que se ha quedado entre nosotros de la única manera en la que para él los hombres podemos vencer a la muerte; a través de las obras que nos garantizan el recuerdo de nuestros congéneres. Saramago cumplió la tarea que escogió al decidirse por el ejercicio de la literatura. A sus lectores nos ha quedado el legado más importante que este hombre haya podido dejar; su pensamiento. Somos nosotros quienes estamos en capacidad de seguir contagiando al mundo con sus ideas, con sus símbolos, abriendo y compartiendo con otros esas páginas que de alguna manera se convierten en el antídoto contra la ceguera blanca que ataca al pensamiento; páginas que nos ofrecen posiciones políticas diferentes, páginas que terminan hermanándonos al enseñarnos la tolerancia que como seres pensantes tanto nos hace falta; páginas en las que (si sabemos buscar) podemos encontrar las condiciones éticas que nos permitirán convertirnos en lo que realmente deberíamos ser: una sociedad que se esfuerza cada día en gestar las acciones que nos hagan posible acercarnos a la esencia de lo que es una verdadera humanidad.

                                            Jesús David Buelvas Pedroza

jueves, 20 de mayo de 2010

foto promocional de "los anuncios de cualquier soledad"

Esta es la imagen de la primera edición del libro de poemas "Los anuncios de cualquier soledad" del escritor Jesús David Buelvas Pedroza. Un libro cuya lectura plantea interrogantes esenciales acerca de la forma en que el individuo contemporáneo asume su relación consigo mismo y con el entorno que le es más inmediato: su propia existencia. Esta es una invitación a leer una muestra de la poesía que nace del pensamiento y de la reflexión que un hombre puede hacer a partir de su íntima consagración a la observacion de los otros, de sí mismo y del lenguaje por medio del cual intenta compartir sus percepciones. Aquí, el lector podrá encontrarse con un yo poético que lo invita a un proceso de introspección bastante necesario en este contexto actual, en el cual casi siempre estamos buscando nuestra razón de ser por fuera de lo que en esencia somos y no en nosotros mismos.
Miguel Arom

miércoles, 28 de octubre de 2009

acerca de la lectura de poemas

Este asunto de leer poemas es algo tan metafísico y tan práctico, tan preciso y tan ambiguo, tan difícil de definir, precisamente por esa bipolaridad (o sería mejor decir multipolaridad) en la que se mueve y por la que, a la vez, está compuesto. El poema, lo han dicho muchos escritores de esos que ya no es necesario citar, es una materia tan acomodaticia y voluble como el mismo espíritu del ser humano que lo produce y lo disfruta. El poema, esa materia que se puede disolver en cada uno de los jugos anímicos productos de la diversidad emocional que embarga a los hombres, se da el lujo de existir, de ser creado y de crearse a sí mismo en relación con cada uno de los momentos y con cada una de las situaciones en las que el lector de poemas (recreador de los mismos) encuentre la conexión precisa de su gusto estético con las palabras, las líneas, las ideas y las emociones que lo componen.

El poema está ahí, plantado como una materia desprevenida, tal vez dormido pero nunca muerto; siempre resonando como un eco en la vida de aquel lector que, encontrando una de las tantas maneras en que alguien puede conectarse con ese poema que le revela alguna parte de sí mismo, ha establecido la conexión indestructible, intemporal entre el hombre y la revelación poética. El poema es esa resonancia que le permite a un hombre (el lector) encontrarse entre los elementos que otro hombre (el poeta) ha dispuesto para expresar la maduración de una de sus experiencias, la cual por ser propia de un ser humano, puede ser compartida por otros seres humanos que hayan vivido una situación similar. Este es uno de los elementos que determina a tal revelación: la conjunción de las experiencias de vida entre el poeta y el lector a través del puente comunicativo en que se constituye el poema.

No podría afirmarse que el encuentro con el poema sea una cuestión azarosa; todo lo contrario; es producto sólo de la afinidad existente entre toda la amplia materia que lo constituye y la especial sensibilidad, cultivada por las múltiples experiencias, del lector que lo descubre. Al descubrir el poema, el lector se descubre a sí mismo. En este sentido, el poema también es revelación. El poema le permite al lector revelarse frente sí mismo, encontrando entre sus versos un poco del hombre que es. Aquí es preciso aclarar entonces que no es el poema el que ha de estar listo para el lector. Es el lector quien debe alistarse, prepararse para el poema. Todo poema plantea las debidas exigencias a quien lo lee. Si el lector no cumple en ese momento con los requisitos necesarios, probablemente no se encontrará entre las líneas de dicho poema. Entonces pasará de largo, seguirá su camino de hombre incompleto. El poema, por su parte, se quedará ahí, esperando esa posibilidad que siempre existe de un nuevo encuentro.

Jesús David Buelvas Pedroza


viernes, 15 de mayo de 2009

Algunos poemas de Jesús David Buelvas Pedroza

Jesús David Buelvas (escritor y poeta)
Matinal

Por Jesús David Buelvas Pedroza

Una vez más la mañana asciende
hasta el corazón de los hombres
para ponerlos de frente al mundo.
Incluso los menos dispuestos
buscan el tubo de dentífrico
para borrar el sabor
de la amarga rumia de los sueños.
Entre las duchas
otros espantan los rezagos
de inconsciencias tormentosas
mientras aquí entre sábanas
me quejo de la desfachatez
de este día que convoca gentes
hacia sus malabares
de rutinas calles y aceras.


Encierro
Por Jesús David Buelvas Pedroza

Prefiero el desarreglo de las calles,
lo impreciso de lo cotidiano,
ese falo mofándose en las caras
de la gente
a esta intimidad de toallas
y tubo de dentífrico derramado.
Me sobrepongo a la catarata anestésica
del wáter.
Dono mi cepillo dental a la soledad.
Acomodo mis defensas frente al espejo
y ratifico lo poco
que me queda de este ámbito.
Sin vacilaciones ya me marcho.


Manías
Por Jesús David Buelvas Pedroza

Se despereza ordenando las sábanas.
Escucha los ruidos
que más allá de su cuarto se alargan.
siente que ha cumplido
o que alguien o algo ha cumplido con él.
En la pasividad de la mañana
bostezar no es un abuso.
No debe inhibirse frente a sí mismo.
Para iniciar el día
lavará sus miasmas exteriores.
No hay elección,
un eructo, un pedo, las ganas de…
otras señales de que continúa siendo hombre.


Televisiva
Por Jesús David Buelvas Pedroza

El presentador afirma que correspondes
a una estadística solícita.
La mayoría de edad
te habilita para masturbarte
entre propagandas,
elegir y creer en el mandatario
de turno,
asimilar la moda, el auto,
la tarjeta y el empleo
que no tienes.
Así entretienes tus inseguridades
como todo buen ciudadano,
sentado frente al televisor
con ese sentimiento
de culpa
que ninguna aspirina acierta a calmar.


Abstracción

Por Jesús David Buelvas Pedroza

Un hombre asomado a la ventana
no existe.
Es sólo un vacío que se pierde
en los acontecimientos de la calle.


Happy birthday
Por Jesús David Buelvas Pedroza

Treinta años
y nada que justifique mi existencia.
Salgo a la calle y los hombres,
serios autómatas de la prisa,
nada reconocen a su alrededor.
Es la larga historia de mis días.
Siento como muero de cansancio.
Sólo a veces suelo morir de risa
o de simple muerte natural.
Ahora se vomitan las oficinas
y la derrota se pasea por las aceras.
Cada uno se ocupa de sus quehaceres
mientras yo regreso a casa y pienso
“esta edad cruda y gris y nadie
que llore mis múltiples muertes”.


***

Observar el techo tiene
su mística de domingo por la mañana.
Tenderse en la contemplación
de las manchas
confiando en la resurrección,
en el milagro de quedarse quieto
ante las horas.
Nada desvía esta disposición
que subvierte
cualquier posibilidad
de movimiento,
cualquier abstracción más allá
de este cuarto
en donde el acto de contemplar
el techo
es la única religión posible.